• Edito Estudiantil

Ciudad de Dios o los límites materiales del Poder Constitucional

Por: Ronald Saenz



Ilustración: Kristel Faerron

Datos generales: La película Cidade de Deus o Ciudad de Dios (2002), es un drama de acción brasileño dirigido por el también productor carioca Fernando Meirelles, quien se ha dado a conocer en los últimos años por otros proyectos como El jardinero fiel (2005), Blindness (2008) y 360 (2012), además de la teleserie dirigida en conjunto con Kátia Lund entre 2002 y 2005 titulada Cidade dos homens (2002) o Ciudad de hombres, a manera de spin off (serie derivada) de Ciudad de Dios, logrando aclamación dentro y fuera de Brasil. Bajo la adaptación de Bráulio Mantovani, Ciudad de Dios está basada en el libro homónimo (1997) del escritor brasileño Paulo Lins, quien posteriormente trabajó como guionista para Ciudad de hombres.


Valiéndole su actuación más conocida hasta el momento, Ciudad de Dios es protagonizada por Alexandre Rodrigues en el papel de Buscapé; también por Leandro Firmino como Zé Pequeño, Phellipe Haagensen como Bené y Alice Braga (Soy leyenda, 2007) como Angélica, actriz con mayor reconocimiento internacional. La mayoría de papeles secundarios fueron interpretados por habitantes reales de varias favelas reconocidas de Río de Janeiro, mismos que antes de la película no contaban con ninguna experiencia en actuación.


Desde su estreno, el filme ha sido elogiado por la crítica, llegando a recibir cuatro nominaciones a los Óscar en el año 2004 (mejor director, mejor fotografía, mejor montaje y mejor guion adaptado), una nominación a un Globo de Oro (mejor película extranjera) y un premio BAFTA (mejor montaje).


Sinopsis.

“En la Ciudad de Dios si corres te agarran, y si no corres también”. Esta frase, enunciada hacia el inicio del filme durante una analepsis del protagonista Buscapé, quien al quedar atrapado en el medio de un tiroteo entre una banda criminal de la favela y la policía federal brasileña, describe la intricada trama que nos da paso a atestiguar las vicisitudes, exposiciones y peligros que se viven día a día en los caseríos populares brasileños.


De la mano de Buscapé conoceremos la historia de su vida, o lo que es lo mismo, la historia de la transformación de los habitantes de la Ciudad de Dios, un caserío construido en la década de los años sesenta (al tiempo que comienza la acción) para familias que, en palabras del narrador, “creían haber llegado al paraíso”, que habían perdido su hogar debido a inundaciones e incendios premeditados. Sus habitantes, al tener que lidiar con la falta de condiciones mínimas (sin electricidad, calles sin asfaltar, poco acceso a medios de transporte), viven su cotidianeidad entre jóvenes, en su mayoría, al margen de la educación formal, y dando sus primeros pasos en el mundo de la delincuencia.


El narrador-protagonista (Buscapé), siguiendo la línea anteriormente planteada, considera preciso comenzar por la historia del “Trío Ternura” compuesto por Cabeleira, Marreco y Alicate (Velludo, Pato y Cortador), adolescentes reconocidos en el caserío por delinquir y asaltar a los visitantes ocasionales de la Ciudad de Dios. Bajo esas condiciones, la generación más joven de niños ve en el “Trío Ternura” un ejemplo a seguir y una oportunidad de obtener dinero fácil, en comparación con el sinuoso trabajo honrado. Así es como Buscapé, hermano menor de Pato, crece rodeado de un grupo de niños de su edad, aprendices potenciales en fechoría del infame Trío, entre los que destacan Bené, hermano menor de Velludo, y Dadinho, un niño que comienza a hacer sus primeras armas en el crimen, y que años más tarde es consagrado como el criminal más sádico y peligroso, “dueño” del negocio del tráfico de drogas dentro de la favela, y quien posteriormente es rebautizado como Zé Pequeño.


A partir de este hecho, el desarrollo de la narración nos lleva a ser testigos del desarrollo de una generación de niños, quienes unos años mayores, durante la década de los setenta, (ahora habitantes de una favela anónima en Río), son marcados por las condiciones paupérrimas del entorno en el que crecen y viven dentro del submundo de la droga y la muerte ocasionada por las guerras entre bandas del narcotráfico al interior de la favela.


Así, la posesión del territorio, el monopolio de la venta de drogas y el empleo indiscriminado de “niños soldados”, llevan a personajes que han logrado sobrevivir, como Buscapé, a cuestionarse sobre el verdadero precio de la honradez, el precio de seguir las reglas del juego impuestas por un “Para-estado”, centrado en las disposiciones del crimen organizado.


Contexto histórico-político.

El caserío Ciudad de Dios fue creado con el objetivo de sacar a las favelas del centro de Río de Janeiro y construir un complejo habitacional. El proyecto fue impulsado por el gobierno brasileño a través de un programa liderado por el gobierno norteamericano llamado Alianza para el Progreso, mismo que entre 1961 y 1970 constituyó la política exterior de ayuda económica por parte de los Estados Unidos hacia Latinoamérica, como respuesta ante el avance revolucionario en el continente.


La acción se enmarca dentro un contexto mayor.

Los primeros años de la década de los sesenta marcaron un antes y un después en la historia política brasileña. En 1963, mediante un plebiscito, el pueblo brasileño votó por el restablecimiento de un sistema de gobierno presidencialista, ante la imposibilidad del gobierno de turno liderado por el presidente João Goulart de aprobar un paquete de reformas que vendrían a nacionalizar y a mejorar la distribución de la renta y la inclusión social en Brasil. Estas fueron conocidas como las Reformas de Base. Un golpe de Estado militar tuvo lugar en el año 1964, detonado principalmente por grupos de empresarios, propietarios y militares que se mostraban descontentos con las “políticas comunistas” de Goulart. El golpe, que contó con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, inició en Brasil un periodo de dictadura militar que se extendió hasta el año 1985. Debido a la temprana ruptura de garantías constitucionales, la dictadura se caracterizó desde un inicio por el gobierno mediante decreto, la abolición de los partidos de izquierda, la persecución policial de opositores y la instauración de gobernantes por vía indirecta, acrecentando la represión estatal, el descontento popular y la descomposición democrática. De esta manera, frente a un contexto de violencia generalizada, de crisis económica y falta de oportunidades, el crimen organizado y el tráfico ilegal de drogas encontró un nicho para su desarrollo en el corazón de las barriadas populares.


Lectura desde el constitucionalismo.

El constitucionalismo, entendido como el movimiento histórico concebido para la búsqueda de fórmulas para el límite del poder, nos brinda herramientas para el análisis. Ante todo lo anterior, queda preguntarse por el papel del Estado, de su orden constitucional y de su función garantista. Una línea de la película en boca de Buscapé reza: “Para el gobierno y los ricos nuestros problemas no importaban. Estábamos demasiado apartados de la imagen perfecta de Río de Janeiro”. En esa línea, Ciudad de Dios es testimonio fiel de eso que el politólogo Guillermo O’Donnell llamó “zonas marrones”, aquellas regiones donde el orden y la legalidad estatal no llegan, donde la materia prima de los derechos no solo políticos y civiles, sino también los económicos, sociales y culturales ha sido ignorada. De esta manera, la película da cuenta de una época de cambios y transgresiones, de la ruptura del sustrato formal y material de una constitución por un gobierno de facto, de la falta de constitucionalismo, de un Estado persecutor que, en aras de ejercer arbitrariamente la persecución política, descuidó la necesidad de garantizar a sus pobladores una serie de condiciones básicas para el disfrute de una vida basada en la dignidad humana.

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