• Edito Estudiantil

Don Henning, nadie me dijo que me iban a matar de hambre.

Por: Maricarmen Prada | Presidenta de la Asociación de Estudiantes de Artes Plásticas.

Publicación original en Medium.



Puedo asumir, de manera asertiva, que toda persona en las artes ha escuchado por lo menos un “¿y de qué vas a comer?”, o un “si estudiás eso te vas a morir de hambre”. Sin embargo, también puedo asumir que a ninguno nos dicen nunca que la realidad es que, peleemos lo que peleemos, lo que nos quita la comida de la boca no es la carrera, es el país, es la universidad, es Don Henning Jensen.


Entré a la universidad en el 2014 a la carrera de Arquitectura, pensando que tal vez era una carrera más segura, aún así creativa. Iba a satisfacer mi necesidad y deseo de estudiar pintura, sin estudiar la carrera, que sabía, no me iba a dar de comer. Entré al año siguiente a artes, después de darme cuenta que la sed que tenía por esta carrera, que era el amor de toda mi vida, no se iba a ir a ningún lado.


El primer golpe de realidad fue el día de la matrícula: no tenía ni un pie adentro y ya todas las clases del plan de estudio aparecían sin cupo. Tenía las notas, tenía la aptitud, pero la universidad no quería más artistas. Ese año fuimos 60 estudiantes con matrículas insatisfechas, casi 200 estudiantes entrando a una escuela que, de manera física, no podía sostener de manera digna a más de 300.


En el 2015 nos dieron la noticia de que nos iban a construir finalmente un edificio en donde cupiésemos todos, solo para decirnos un tiempo después que iban a subir las anualidades de los funcionarios un 5%, y los tres millones de dólares que iban a ser usados para nuestro edificio ya no existían. La universidad no quería más artistas, pero sí más funcionarios.


Tomado del instagram de Marvin Ocampo.

Cuatro años después, nos hemos inundado, nos hemos quedado sin cupo, nos han enseñado planos, luego nos han dicho que ya no, que mejor nos dan los restos de ingeniería, más inundaciones, menos profesores pueden dar clases, se han cerrado y perdido TCUs, el edificio de ingeniería abandonado sin ninguna remodelación, más estudiantes, más hacinamiento, más inundaciones, menos recursos, menos dignidad. Todo esto mientras se levantan edificios nuevos, enormes y sobre todo dignos para las carreras con estudiantes que nunca han escuchado un “si estudiás eso te morís de hambre.”


Durante mis cinco años en la escuela de artes plásticas he vendido muchísimas de mis obras, nunca me ha faltado trabajo, y he generado más arte, más conocimiento y más crecimiento profesional. Yo no me he muerto de hambre porque “del arte no se puede vivir”; me he muerto de hambre porque mientras los dentistas, los ingenieros y hasta los sociólogos comen gourmet, a mí, la Universidad de Costa Rica, cada vez me da menos granos de arroz, al punto en el que ahora ya solo no tengo comida, sino que no tengo ni la mesa en la que me sentaba a comer. El arte no mata a nadie del hambre, la Universidad de Costa Rica sí.


El tercermundismo de este país se hace evidente todos los días con cómo se percibe el arte y se hace a un lado. El arte no es elitista; es elitista el que cree que el arte no alimenta al pueblo, y por ende se lo arranca de las manos. Don Henning, mientras usted mata de hambre a todos los posibles artistas de este país, nosotros vamos a seguir peleando por nuestra dignidad, porque, cada vez que se le decora su campus con una escultura que sale de esa escuela a la que usted le escupe constantemente, se puedan formar más de esos escultores, pintores, grabadores, ceramistas, historiadores de arte y diseñadores.


A la Universidad de Costa Rica no le faltan recursos para construir nuestro edificio, pagarle a nuestros profesores, o darnos cupos para poder terminar nuestras carreras, lo que le falta es respeto.



También pueden leer: Artes Plásticas: La cenicienta de la arquitectura.

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