• Edito Estudiantil

Ella, la feminista del 2019

Polifacético, interseccional, consciente. Nutridor y cálido. Irreverente, fríamente calculador y contestatario. Cortante, efectivo y certero. Inclusivo y atento. El feminismo del 2019 es el resultado de vencer una mirada unilateral, segregaria e ilógica de un ideario que en naturaleza busca la unión y no la diferencia.


Ser feminista en el 2019 es regresar a la lucha contra el verdadero enemigo: un sistema opresor que es producto de la indiferencia de todos y de ninguno, un sistema que se aprovechó de altibajos de épocas pasadas para pisotear a la mitad de la población del planeta. El patriarcado, enemigo jurado del feminismo, no fue más que consecuencia de años y años de quedarse en silencio, de ignorar, de dejarse llevar por una propuesta de vida que era ‘sencilla, natural y firmada por la religión’. El feminismo del 2019 ha encontrado las luchas de muchas otras mujeres de siglos, décadas y años pasados, no como glorias, sino como pequeñas victorias de una guerra que todavía tiene mucho por delante.


El feminismo del 2019 no celebra el 8M; lo recuerda, lo conmemora, lo saborea y lo analiza.


Ser una mujer feminista en el 2019 es devolver la cualidad de persona al cuerpo objetivado. Es quitarse la etiqueta y el código de barras que le ha puesto precio a la felicidad y al amor que tenemos por nuestro primer hogar: nuestra piel. Dejar de pensar en el valor propio, dejar de tratar de vivir a la medida de los demás. Ponerle un fin a los esfuerzos de ser telépatas y empezar a leernos nosotras mismas. La mujer feminista no define el oro que vale por su peso, sino por su historia.


Ser una mujer feminista en el 2019 es ser ambiciosa. Es abrirse el espacio, no para soñar, sino para planear. Soñar está fuera de nuestras manos. Planear es una ruta crítica que como mujeres estamos dispuestas a cumplir. Profesión, viajes, familia, matrimonio, dinero, soltería, activismo, apoyo, tradición, innovación. Nuestros planes ya no están limitados. Nada es blanco ni negro. Nada es ni bueno ni malo. Nuestros planes toman formas que dejan de ser abstractas, son concretas, son propias. Pueden no ser metas compartidas, pero cuando una mujer se ha propuesto una meta, las otras mujeres feministas de su vida están con ella.


Ser una mujer feminista en el 2019 es dejar el papel de víctima, es quitarse la investidura del derecho a todo por la condición de ser mujer. La mujer feminista se quita la ropa, la deja caer al suelo y la cambia por una armadura de lucha. La mujer no quiere nada por ser mujer. Ella quiere luchar, quiere defender, quiere avanzar. Ella no es frágil, es más fuerte con cada tropiezo que tiene, con cada cicatriz que adorna su piel, con cada dolor que siente. La verdadera mujer aprende, se adapta, evoluciona. Busca y conquista. No se cansa, no se calla. Ella no agrede, pero no se deja. Ya superó el poner la otra mejilla, ahora prefiere bloquear el primer golpe.


Ser una mujer feminista en el 2019 es dejar de cortar con el mismo patrón la tela con la que nos cubrimos todas. Es dejar caer la vara con la que hemos azotado a muchas otras mujeres de nuestra vida por no ser lo que nosotras queremos de ellas. Ser mujer feminista es aprender que no todas buscamos lo mismo, que no todas latimos con el mismo corazón. El feminismo da libertad. Da una opción. El feminismo no mata, no toma prisioneros. El feminismo busca adoptar y adaptar. Busca el cambio, la enseñanza. El feminismo no discrimina, no acusa. El feminismo es sororidad, es una familia, es una red de protección donde cabemos todas.


La mujer feminista del 2019 no es solo feminista el 8M. Lo es todos los días, desde que despierta hasta que se duerme. Respira y transpira feminismo. Impulsa. No porque use la pañoleta, no porque cante contra el patriarcado, no porque haga pancartas. Ella es feminista todos los días porque no tiene miedo de caminar por la calle (aunque sabe el peligro), no tiene miedo de decir lo que piensa (aunque sabe que la intentarán callar), no tiene miedo de ser ella (aunque van a tratar de cambiarla). Ella, en su elección de continuar su vida como es ella, al olvidarse que la ven distinto, al olvidarse de buscar definición de sí misma en lo que la hace diferente, ella es feminista.


Porque ella ha escogido asumir el reto de vivir siendo mujer.


La mujer feminista del 2019 es polifacética, interseccional, consciente. Nutridora y cálida. Irreverente y contestataria. Fríamente calculadora. Cortante, efectiva y certera. Inclusiva y atenta.


Ella define el movimiento, ella ES el movimiento. Ella al lado de todas y todos sus aliados caminan juntos. Porque sabe y ha demostrado que entre mayor el número, mayor la diferencia.


Nathalia Retana Rojas

Estudiante de Diseño Gráfico - UCR.

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